Admiradoras/es, alumnas/os y amigas/os del intelectual, escritor y profesor Juan Carlos Rodríguez
¿Althusser sin Juan Carlos Rodríguez?
Celebré la entrega, el pasado 27 de septiembre con EL PAÍS, del número 36 de la colección Descubrir la filosofía, dedicado a Gramsci y Althusser. Sin embargo, y pareciéndome magnífico el texto de Carlos Fernández Liria, comprobé con decepción cómo en él no se hace referencia alguna a Juan Carlos Rodríguez, discípulo directo del maestro Althusser y primer español en dar clases en L’École Normal Supérieure de París. Pero esto quedaría en mera anécdota de no ser porque los trabajos del maestro Rodríguez son absolutamente claves para entender aspectos tan problemáticos de la teoría althusseriana como son el concepto de “interpelación” o la noción misma de “ideología”. Durante más de tres decenios, este catedrático emérito de la Universidad de Granada, doctor honoris causa por la de Almería, ha desarrollado su teoría del “inconsciente ideológico” a través del estudio de las problemáticas renacentista y barroca en España, el “legado de la Ilustración” o las vanguardias y sus respectivas contradicciones “radicalmente históricas”. Que el pensamiento burgués (en general) ni siquiera entre a discutirle una sola coma se entiende, pero el silencio por parte del “marxismo actual” en nuestro país es ya escandaloso.
(Fuente: "¿Althusser sin Juan Carlos Rodríguez?", Pablo Aparicio Durán, El País, 23/10/15)
Juan Carlos Rodríguez, el hombre del sombrero
Ha muerto Juan Carlos Rodríguez, el cátedro de Teoría de Literatura que siempre puso en cuestión desde el marxismo cualquier dogma literario.
Juan Carlos me enseñó el lado oculto de la luna literaria, el cómo las cosas no son como nos las han pintado y enseñado, a romper todos los clichés, a colocar interrogaciones en cualquier premisa aceptada. Y sobre todo a tener conciencia social como escritor, periodista, literato, creador, que las cosas son para los demás, un defensor de la literatura de la aprojimación, de la ‘utilidad’ (término dilapidado por el análisis mercantilista) de la literatura.
Fue el gurú de la ‘Otra sentimentalidad’, el teórico, el de la parte conceptual, quien llevó las teorías de Althusser a la poesía contemporánea, a la de finales del siglo XX, y que todavía ha marcado con sus principios y lecciones la actual creación literaria de algunos, como diría Benedetti, ‘militantes de la vida’.
Reducir su ingente labor como filósofo de las letras a su participación casi tutorial en el movimiento poético granadino de los ochenta sería caer en la trampa enemiga de algunos de sus reductivistas interesados. Fue un grande que se acercó a lo más pobre, que señaló la llamada literatura del pobre, que descubrió la mirada de la cosa de la literatura desde abajo, la de los humildes, la de aquellos que no entraron en las más nobles páginas de la filología tradicional y clásica: la burguesa, para no andar con medias tintas.
Mantuve como periodista cultural multitud de conversaciones y charlas sobre literatura, siempre con una Alhambra 1925 de por medio, que se convirtieron en lecciones magistrales no solo literarias sino de vida, y de lucidez. Juan Carlos Rodríguez, ‘El gurú’, me abrió los ojos para ver el mundo desde el punto de vista del pobre, de ‘La literatura del pobre’ y colocar dudas en las frases hechas del capitalismo literario, que también existe y que tanto daño hace.
Me mostró las trampas del lenguaje blanco y de las grandes palabras, que forman parte de los disfraces conceptuales del discurso capitalista. La persuasión del capitalismo tiene muchas máscaras y disfraces, algunos de ellos con apariencia de falso progresismo. En uno de nuestros últimos encuentros me comentó que iba a publicar un libro con las entrevistas que le habían hecho y que incluía algunas que le realicé. Fue todo un acto de cariño.
Hoy, en estos tiempos de nebulosas confusas, de cortinas de humo en forma de nube virtual, de mensajes subliminales y de numerosos discursos pseudoprogresistas, le agradezco a Juan Carlos me diera esa especie de detector mental para poder desenmascararlos y separar el oro de la paja, que hay mucha.
Quería a Juan Carlos y le quiero como maestro, como a uno de esos personajes imborrables y fundamentales que marcan la carrera de todo un grupo de artistas. Y no, no me quito el sombrero, y que nunca se lo quite nadie, ni academias ni cualquier otra institución y ahora para siempre quede como silueta en el aire, el hombre del sombrero, su lección de libertad y de amistad.
Hasta siempre.
(Fuente: "A Juan Carlos Rodríguez ‘El gurú’, el último disidente lúcido", Juan Luis Tapia, secretOlivo, 24/10/16)
Juan Carlos Rodríguez y el nacimiento del sujeto
Durante el orden feudal, un cuerpo solo valía en lo que se parecía al alma y esta, evidentemente, en cuanto se ajustaba a los designios del Creador. Poco a poco, sin embargo, los poetas hablan de los cuerpos y de cómo la belleza de estos es testimonio de su alma. Están apareciendo los sujetos: Petrarca se enamorará de Laura sin preguntarse por la calidad de su sangre, simplemente anonadado por su belleza. Los sujetos se comunican entre sí: acuerdan en el mercado, se enamoran más allá de las obligaciones estamentales, necesitan cualificarse como poetas y ya no solo como guerreros o nobles. En las hazañas amorosas ya no brilla su sangre. Brilla su peripecia, lo que han hecho de sí mismos. Lo mismo cuando el individuo solo es un pobre hidalgo sin ventura, pero con voluntad de aventura, hasta si solo es un lazarillo pordiosero intentando fabricarse un porvenir.
Así comienza este libro y de ese modo, y de qué modo, nos propone una teoría diferente de la modernidad. La modernidad no es un efecto inesperado de la glorificación calvinista del triunfo o de la lectura personal de la Biblia. No: tales acontecimientos suponen una matriz específica en la que los sujetos encarnan sus méritos en sus obras, en las cuales se encuentra su cuerpo, su fe autoadministrada, sus éxitos en el comercio. Solo esa matriz puede explicar lo que Norbert Elias, otro gigante del pensamiento, llamará el proceso de civilización de las pulsiones: quien se sienta en la mesa con garbo ya sabe que no basta la sangre azul para merecer el elogio.
Por supuesto, el progreso no existe en una evolución acompasada, sin regresiones. No existe así porque la historia conoce reapropiaciones de lo pasado y lo reintegra en el presente. Quevedo leerá a Petrarca pero introduciéndolo en la lógica feudalizante del Concilio de Trento. Antes fueron derrotadas las Comunidades de Castilla, y quienes las combatieron, las veían queriendo reproducir Signorias —así se llamaba el gobierno de la República de Florencia—. Petrarca, en medio de la religiosidad de la España de la Contrarreforma, se integra en una configuración específica de la creación poética, aleación original de varios modelos ideológicos. Porque este libro habla de Góngora sin dejar de atender a la alternativas que se le presentaron al emperador Carlos tras acabar con los comuneros. Mas lo hace manteniendo la especificidad del discurso poético y de la pelea histórica, arriesgándose a precisar cómo se entrecruzan y dónde cada cual atiende a una lógica específica.
Porque el mundo, desde el marxismo de este libro, no se deja clasificar en periodos globales. La realidad social se compone de híbridos. Lutero, a quien ya aludí, puede combinar una repugnancia feudal al dinero con una defensa del espíritu que no se humilla ante la letra muerta. Los cuerpos cualifican a los individuos, sí, pero existe una modulación cristiana de esta manera de conducirse: solo cuando se purifican los cuerpos de los placeres vulgares merecen el reconocimiento; mas ya como cuerpos, no solo como almas.
El cuerpo es la sangre de la burguesía, escribirá Michel Foucault. Lo hará en el primer volumen de la Historia de la sexualidad que se publica en 1976. Sucede que este libro que comento es de 1974. Y que, sin escamotear una brizna de admiración a Foucault, en este libro se explica mejor: con desarrollos más prolijos, peleando más por darle coherencia al conjunto que se presenta. Este libro nos muestra el pasado feudal reviviendo en la procacidad de Quevedo sobre el cuerpo. Se nos explica así el odio del genial poeta al Conde Duque de Olivares, quien intentó en vano meter en vereda a nobleza y clero. Es un libro donde el detalle se integra en grandes frescos históricos y se hace peleando por precisar cómo se salta de aquél a estos.
Este libro, que Akal acaba de reeditar, fue escrito por un joven profesor granadino, por Juan Carlos Rodríguez. Cuando el lector entre en sus páginas encontrará discusiones detalladas sobre historia y literatura —discusiones siempre amarradas al detalle— y se encontrará también una teoría de la modernidad que compite con la de los grandes nombres de la historia del pensamiento; porque explica lo que ellos y añade matices nuevos. Este libro se merece muchos lectores y muchas discusiones, como corresponde a una obra maestra.
José Luis Moreno Pestaña, filósofo y sociólogo. En su último libro “La cara oscura del capital erótico” (publicado por Akal, 2016) se apoya en Juan Carlos Rodríguez para elaborar su historia de la capitalización del cuerpo.
(Fuente: "Juan Carlos Rodríguez y el nacimiento del sujeto", José Luis Moreno Pestaña, No cierres los ojos, Akal, 19/02/17)
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